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Posts Tagged ‘amor’

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Obligaciones propias del esposo:

  • Ejercer su autoridad sin maltratar a nadie. Evitando todo lo que sea imponerse por la fuerza, haciendo valer su autoridad sólo por ser el hombre que manda (machismo).
  • Respetar a la esposa, corregirla, ayudarla , llenarla de cariño, comprenderla, serle fiel.
  • Aceptar a la esposa como es: con sus virtudes y sus defectos.
  • Dar ejemplo de buen esposo y padre con su comportamiento y sus palabras.
  • Educar a los hijos cristianamente.
  • Formar a los niños cristianamente en lo referente a la educación sexual.
  • Trabajar para sostener el hogar.
  • Aceptar responsablemente y con agrado los hijos que Dios quiera enviarle.

Obligaciones propias de la esposa:

  • Dar  ejemplo de buena esposa y madre.
  • Respetar al esposo, corregirlo, ayudarlo, llenarlo de cariño, comprenderlo, serle fiel.
  • Aceptar al esposo tal y como es: con sus virtudes y defectos.
  • Cuidar su arreglo personal para agradar al esposo.
  • Aceptar responsablemente y con agrado los hijos que Dios quiera enviarles.
  • Educar a los hijos cristianamente.
  • Formar a las hijas cristianamente en lo referente a la educación sexual.
  • Administrar bien el hogar, cuidar las cosas materiales, esmerarse en el cuidado de la alimentación de la familia, aunque por alguna circunstancia deba trabajar fuera del hogar.


La mujer no es la cabeza del hombre, ni la esclava, ni mucho menos instrumento de placer. Es el costado del esposo, es decir, una gran compañera, columna del hogar, sostén de la familia. El oficio que desempeña la mujer en el matrimonio es el de esposa y madre. De ella depende fundamentalmente la paz y la alegría del hogar, y debe enseñar con su propia vida a vivir el optimismo y la confianza en Dios y en la Virgen, después de poner un esfuerzo sobrehumano para cumplir con sus deberes y mejorar las condiciones de vida. La familia suele ser lo que es la mujer.


Dios los bendiga.


Tomado de “Noviazgo y matrimonios cristianos” . Autor: Julio Baduí Dergal

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Hecho de la vida real sucedido en Asia


Llegó una mujer muy asustada al consultorio de su ginecólogo y le dijo:

-Doctor: por favor ayúdeme, tengo un problema muy serio. Mi bebé aún no cumple un año y ya estoy de nuevo embarazada. No quiero tener hijos en tan poco tiempo, prefiero un espacio mayor entre uno y otro…

El médico entonces le preguntó:

-Muy bien, entonces ¿qué quiere que yo haga?…

Ella respondió

-Deseo interrumpir mi embarazo y quiero contar con su ayuda.

El médico se quedó pensando un poco y después de algún tiempo de silencio le dijo a la mujer:

-Creo que ya tengo un método mejor para solucionar el problema y es menos peligroso para usted.

La mujer sonrió. El siguió hablando:

-Vea bien señora, para no tener que estar con dos bebés a la vez en tan corto espacio de tiempo, vamos a matar a este niño que está en sus brazos. Así usted podrá descansar para tener el otro. Tendrá un periodo de descanso hasta que el otro niño nazca. Si vamos a matar, no hay diferencia entre uno y otro de los niños. Y hasta es más fácil sacrificar a éste que usted tiene en sus brazos puesto que usted no correrá ningún riesgo.

La mujer se asustó y dijo:

-¡No doctor! ¡Qué horror! ¡Matar a un niño es un crimen!

-También pienso lo mismo, señora, pero usted me pareció tan convencida de eso, que por un momento pensé en ayudarla.

El médico sonrió y después de algunas consideraciones, vió que su lección surtía efecto. Convenció a la madre que no hay la menor diferencia entre matar a un niño que ya nació y matar a uno que está por nacer y que está vivo en el seno materno.

Artículo tomado de la revista “Inquietud Nueva” #147

Foto Flickr

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